miércoles, 29 de junio de 2011

A VECES TE MIRO


A veces te miro, cuando serio observas tu alrededor
y tu cara refleja paz y sosiego...
A veces te miro, cuando tus ojos tienen tantas cosas que decir
y tu boca se niega a soltar palabra.
Te miro, y se acelera mi corazón,
y mi piel ansía tus manos poderosas.
A veces, te miro y tu gesto dice de ti, que pasaste grandes males, que tu corazón es valiente y fuerte.

A veces te miro… si, más de lo que tú crees, y atenta quedo perpleja a tus gestos y tu calma, a tu manera de amar las cosas y tu humildad siempre presente.
A veces te miro, y aunque de reojo solo acierto tu silueta, tú presencia noto constante… y ese aire que coges y dejas yo respiro, hasta llenarme de ti.

Te miro, y mi mente por si sola vuela…  quizás algún día pueda entenderte más, pueda mirarte sin miedo y tú quieras hacer lo mismo,
pero me doy cuenta que llevo mirándote con estos ojos tiempo atrás, 
sin que la ocasión tuviese acierto ni lugar.





MARIAJO PEPA.

SER GUAY

No necesito ser "guay" como tú. Me parece una de las formas de hipocresía más estúpidas que jamás he visto.
 Eres "guay" para ligar, para hacer amigos/as y dártelas de interesante, para ensalzar cualidades y gustos inexistentes en ti, pero que te hacen ser "guay" ante los demás.
Como eres tan "guay", reniegas de tus pasiones verdaderas por miedo a que no sean "guays" o desentonen.
ESCÚCHAME: deberías sentarte un poquito a solas  en silencio y conversar contigo mismo. Quizás va siendo hora de quitarte máscaras y "tontás" y empezar a vivir plenamente con tu verdadera forma, sin limitarla ni encasillarla.
 Y a quien no le guste, ¡¡QUE LE DEN POR CULO, COÑO!!



Mariajo Pepa.

EN EL PRINCIPIO (BLAS DE OTERO)

Si he perdido la vida, el tiempo,
todo lo que tiré como un anillo al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Blas de Otero)

TODOS A UNA (GABRIEL CELAYA)

Cada vez que muere un hombre,
todos morimos un poco, nos sentimos como un golpe
del corazón revulsivo que se crece ante el peligro
y entre espasmos recompone
la perpetua primavera con sus altas rebeliones.

Somos millones. Formamos
la unidad de la esperanza.
Lo sabemos. Y el saberlo
nos hace fuertes; nos salva.

Nos sentimos como un golpe
que sin brotar se ha quedado temblorosamente en vilo.
Nos sentimos sin sentirnos,
fabulosamente dulces, dolorosamente ciertos.
Nos sentimos un nosotros. Palpitamos colectivos.

Corazón, corazón,
dulce sol interior,
me iluminas, me envuelves:
soy más de lo que soy.

Cada vez que un combatiente
se desangra, con su sangre derramada yo hago versos,
canto y muero en él creciendo,
digo quién soy, quiénes somos, quién en nosotros, invicto,
testimonia lo perpetuo, sopla espíritu en el fuego.

Yo resucito en los muertos
si los siento en camarada,
y ellos en mí, yo con ellos
permanezca y canto. ¡Canta!

Allá lejos, ¿quién me espera?
Aquí al lado, ¿quién me pide simplemente una mirada
tan terrible, tan difícil
como dar cara diciendo que -perdón- no pasa nada?
Mas le miro y en mis ojos devorantes hay mañana.

Nos alzamos uno en otro.
Somos quien somos: varones
tan seguros de sí mismos
que renuncian a su nombre.

Cada vez que siento en vivo
mi corazón, me pregunto quién me exige más conciencia,
me pregunto quién me llama
o, con alarma, ¿qué pasa?
Mas no pasa, siempre queda y es la unidad que en mí canta.

¿Quién se atreve a condenarnos?
Somos millones, millones.
Somos la luz que se extiende.
¡Miradnos! Somos el hombre.


GRABRIEL CELAYA
-¿Dónde estás?
-¿Dónde te quedaste?

Te busqué por todos sitios, me perdí al querer vislumbrar una gota de tu  esencia.
 Doy vueltas sin fin por el suave entramado de las emociones y a pesar de mi insistencia no te hallo…

Dónde te quedaste si yo no quise que murieras, si no te olvide, si ansío nuestro reencuentro.
La mañana cargada de  brillo me  bajará de este sueño,
la tarde arrastrará ese  viento que conmueve mis recuerdos,
 y la noche… como siempre,  volverá a expandir mis deseos…
yo,  de nuevo, volveré a cuestionarme todas esas cosas…


Mariajo Pepa.


Noches en que la luna sale tarde o quizás, porque no,  demasiado pronto…