JOSE IGNACIO LAPIDO. "LARGO DE CONTAR"
Yo te hablaría del trato
que el diablo sin duda nos ofrecerá
cuando el futuro nos dé de lado
y nos cubra la oscuridad,
de la virtud y del pecado,
y del precio que hay que pagar,
pero es largo,
es muy largo de contar.
Yo te hablaría de las maldiciones
que el cielo nos tiene guardadas
por haber vuelto la vista atrás,
por morder una manzana,
pero mi tiempo se acaba
y me esperan para cenar,
y esto es largo,
es muy largo de contar,
de contar.
Si quieres hablamos del tiempo
mientras vemos llover,
o mejor guardamos silencio,
tal vez, mejor.
Me gustaría darte detalles
de la derrota anunciada,
anticiparte el desenlace
sin destriparte la trama,
pero no quiero cansarte
con el cuento de nunca acabar,
porque es largo,
es muy largo de contar.
sábado, 20 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Despertar
El largo camino había desgastado no solo las suelas de mis zapatos, estaba pobre de ilusiones... de estos vuelcos que la vida te da y no sabes como te mantuviste firme… aún así, mi corazón estaba cansado. Algo dentro me insistía en que siempre sería así, que dejase de creer... pero por alguna extraña razón desperté de aquel mal sueño.
Como puede ser posible que se apague una llama viva en ti, una llama que nació contigo. Como puede ser que se tenga fe en la humanidad y se pierda el sentido por uno mismo, en fin, cosas de la vida...
Suavemente y sin notar el cambio inminente, mi yo empezó a quebrantarse. Mi ser necesitaba del aire, de ese que se coge profundamente y que recorre cada huequecito de tu cuerpo hasta que lo expulsas serenamente… mientras tus ojos se cierran al compás y tu sonrisa se eleva sutilmente.
Empecé a comprender los por ques y los para que, que hasta ahora, tan mártir me habían tenido. Entendí que no todo estaba hecho, que el marcador empezaba a contar de 0. Sentí tremendas ganas de amar, de querer cada cosa que a mi paso encontraba…
Todo pasa, todo queda, todo puede mejorar…
Lo importante es estar atentos a ese despertar porque aunque el razonamiento debe escucharse, no podemos desatender nuestro fuego interior, ese "yo" interno que sabe bien lo que quiere y que rige el amor sin tapujos ni prejuicios… que nos indica lo que realmente deseamos, aunque esté en contraposición de nuestros fundamentos más lógicos.
Lo importante es estar atentos a ese despertar porque aunque el razonamiento debe escucharse, no podemos desatender nuestro fuego interior, ese "yo" interno que sabe bien lo que quiere y que rige el amor sin tapujos ni prejuicios… que nos indica lo que realmente deseamos, aunque esté en contraposición de nuestros fundamentos más lógicos.
Mariajo Pepa
domingo, 3 de julio de 2011
Deliciosa melodía...
Escribiré una nueva melodía para ti,
las letras serán las notas solo tienes que cerrar los ojos y escuchar el viento…
Escribiré en el papel, porque aún no estamos preparados para que lo haga sobre tu piel…
Te aseguro que sobre tu pecho es donde más deseo expresarme,
con besos, caricias, suspiros…
Me dedicaría a pasear sobre tu cuerpo,
sin más que hacer en mi día,
saborear tu mirada y reposar esta energía
que se alborota con un solo pensamiento…
Quiero colgarme las alas,
(preparadas están desde hace tiempo),
solo necesito un pequeño empujón
para vagar contigo en ese misterioso mundo al que pertenecemos…
El viento te lleva estas líneas,
protegidas con una suave luz,
espero que sepa encontrarte…
no quisiera que se perdieran, como otras veces pasó.
miércoles, 29 de junio de 2011
A VECES TE MIRO
A veces te miro, cuando serio observas tu alrededor
y tu cara refleja paz y sosiego...
A veces te miro, cuando tus ojos tienen tantas cosas que decir
y tu boca se niega a soltar palabra.
Te miro, y se acelera mi corazón,
y mi piel ansía tus manos poderosas.
A veces, te miro y tu gesto dice de ti, que pasaste grandes males, que tu corazón es valiente y fuerte.
A veces te miro… si, más de lo que tú crees, y atenta quedo perpleja a tus gestos y tu calma, a tu manera de amar las cosas y tu humildad siempre presente.
A veces te miro, y aunque de reojo solo acierto tu silueta, tú presencia noto constante… y ese aire que coges y dejas yo respiro, hasta llenarme de ti.
Te miro, y mi mente por si sola vuela… quizás algún día pueda entenderte más, pueda mirarte sin miedo y tú quieras hacer lo mismo,
pero me doy cuenta que llevo mirándote con estos ojos tiempo atrás,
sin que la ocasión tuviese acierto ni lugar.
MARIAJO PEPA.
SER GUAY
No necesito ser "guay" como tú. Me parece una de las formas de hipocresía más estúpidas que jamás he visto.
Eres "guay" para ligar, para hacer amigos/as y dártelas de interesante, para ensalzar cualidades y gustos inexistentes en ti, pero que te hacen ser "guay" ante los demás.
Como eres tan "guay", reniegas de tus pasiones verdaderas por miedo a que no sean "guays" o desentonen.
ESCÚCHAME: deberías sentarte un poquito a solas en silencio y conversar contigo mismo. Quizás va siendo hora de quitarte máscaras y "tontás" y empezar a vivir plenamente con tu verdadera forma, sin limitarla ni encasillarla.
Y a quien no le guste, ¡¡QUE LE DEN POR CULO, COÑO!!
Mariajo Pepa.
EN EL PRINCIPIO (BLAS DE OTERO)
Si he perdido la vida, el tiempo,
todo lo que tiré como un anillo al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
(Blas de Otero)
todo lo que tiré como un anillo al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
(Blas de Otero)
TODOS A UNA (GABRIEL CELAYA)
Cada vez que muere un hombre,
todos morimos un poco, nos sentimos como un golpe
del corazón revulsivo que se crece ante el peligro
y entre espasmos recompone
la perpetua primavera con sus altas rebeliones.
Somos millones. Formamos
la unidad de la esperanza.
Lo sabemos. Y el saberlo
nos hace fuertes; nos salva.
Nos sentimos como un golpe
que sin brotar se ha quedado temblorosamente en vilo.
Nos sentimos sin sentirnos,
fabulosamente dulces, dolorosamente ciertos.
Nos sentimos un nosotros. Palpitamos colectivos.
Corazón, corazón,
dulce sol interior,
me iluminas, me envuelves:
soy más de lo que soy.
Cada vez que un combatiente
se desangra, con su sangre derramada yo hago versos,
canto y muero en él creciendo,
digo quién soy, quiénes somos, quién en nosotros, invicto,
testimonia lo perpetuo, sopla espíritu en el fuego.
Yo resucito en los muertos
si los siento en camarada,
y ellos en mí, yo con ellos
permanezca y canto. ¡Canta!
Allá lejos, ¿quién me espera?
Aquí al lado, ¿quién me pide simplemente una mirada
tan terrible, tan difícil
como dar cara diciendo que -perdón- no pasa nada?
Mas le miro y en mis ojos devorantes hay mañana.
Nos alzamos uno en otro.
Somos quien somos: varones
tan seguros de sí mismos
que renuncian a su nombre.
Cada vez que siento en vivo
mi corazón, me pregunto quién me exige más conciencia,
me pregunto quién me llama
o, con alarma, ¿qué pasa?
Mas no pasa, siempre queda y es la unidad que en mí canta.
¿Quién se atreve a condenarnos?
Somos millones, millones.
Somos la luz que se extiende.
¡Miradnos! Somos el hombre.
GRABRIEL CELAYA
todos morimos un poco, nos sentimos como un golpe
del corazón revulsivo que se crece ante el peligro
y entre espasmos recompone
la perpetua primavera con sus altas rebeliones.
Somos millones. Formamos
la unidad de la esperanza.
Lo sabemos. Y el saberlo
nos hace fuertes; nos salva.
Nos sentimos como un golpe
que sin brotar se ha quedado temblorosamente en vilo.
Nos sentimos sin sentirnos,
fabulosamente dulces, dolorosamente ciertos.
Nos sentimos un nosotros. Palpitamos colectivos.
Corazón, corazón,
dulce sol interior,
me iluminas, me envuelves:
soy más de lo que soy.
Cada vez que un combatiente
se desangra, con su sangre derramada yo hago versos,
canto y muero en él creciendo,
digo quién soy, quiénes somos, quién en nosotros, invicto,
testimonia lo perpetuo, sopla espíritu en el fuego.
Yo resucito en los muertos
si los siento en camarada,
y ellos en mí, yo con ellos
permanezca y canto. ¡Canta!
Allá lejos, ¿quién me espera?
Aquí al lado, ¿quién me pide simplemente una mirada
tan terrible, tan difícil
como dar cara diciendo que -perdón- no pasa nada?
Mas le miro y en mis ojos devorantes hay mañana.
Nos alzamos uno en otro.
Somos quien somos: varones
tan seguros de sí mismos
que renuncian a su nombre.
Cada vez que siento en vivo
mi corazón, me pregunto quién me exige más conciencia,
me pregunto quién me llama
o, con alarma, ¿qué pasa?
Mas no pasa, siempre queda y es la unidad que en mí canta.
¿Quién se atreve a condenarnos?
Somos millones, millones.
Somos la luz que se extiende.
¡Miradnos! Somos el hombre.
GRABRIEL CELAYA
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